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Sínodo sobre la Sinodalidad

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Preguntas Frecuentes

Un sínodo es un concilio de una iglesia, generalmente convocado para decidir un tema de doctrina, administración o aplicación. La palabra sínodo proviene del griego sinodos que significa “asamblea” o “reunión” y es parecido al latín concilium que significa “concilio”. A veces, la frase “sínodo general” o “concilio general” se refiere a un concilio ecuménico, como el Concilio Vaticano II (1962-1965).

La sinodalidad es un proceso de discernimiento con la ayuda del Espíritu Santo, que involucra a obispos, sacerdotes, religiosos y laicos católicos, cada uno según sus dones y carismas. En palabras del Santo Padre, “la sinodalidad es un estilo, es un caminar juntos, y es lo que el Señor espera de la Iglesia del tercer milenio”. El Sínodo de los Obispos en Roma, previsto para octubre de 2023, será la culminación del proceso de sinodalidad que el Santo Padre ha descrito; es un evento mundial en tres fases:

Fase diocesana: Consulta y participación del Pueblo de Dios – Después de una apertura solemne con el Papa Francisco en el Vaticano el 9 y 10 de octubre de 2021, todas las diócesis del mundo comenzarán su viaje sinodal el domingo 17 de octubre. En la Arquidiócesis de San Antonio, después de la misa de apertura en la Catedral de San Fernando el 17 de octubre, el proceso continuará en la Asamblea Arquidiocesana el sábado 9 de noviembre. La consulta con el Pueblo de Dios en la Arquidiócesis se llevará a cabo bajo las directrices proporcionadas por la Secretaría Vaticana del Sínodo, que incluirá un documento preparatorio, un manual y un cuestionario. Una vez completados, los resultados de la consulta arquidiocesana se comunicarán a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), que recopilará los resultados de todas las diócesis de los Estados Unidos, así como de otras organizaciones, como comunidades religiosas y universidades católicas. En la primavera de 2022, los obispos de los Estados Unidos se reunirán para un período de discernimiento y harán una síntesis de los resultados que han recibido del Pueblo de Dios en todo Estados Unidos. Estos resultados se enviarán a la Secretaría General del Sínodo en el Vaticano en abril de 2022. La Secretaría General del Sínodo redactará el primer Documento de Trabajo sobre la Sinodalidad (Instrumentum Laboris), una síntesis de la contribución del Pueblo de Dios en todo el mundo, que se publicará y se enviará a cada diócesis en septiembre de 2022.

Fase internacional: Diálogo y discernimiento – Obispos y consultores laicos de grupos de Conferencias Episcopales de todo el mundo participarán en el diálogo sobre el Documento de Trabajo. Cada grupo internacional preparará sus propias consideraciones basadas en ella, y los enviarán a la Secretaría General en el Vaticano en marzo de 2023. Basándose en lo recibido de estos grupos de Conferencias Episcopales, la Secretaría General preparará un segundo Documento de Trabajo sobre sinodalidad para ser utilizado en la siguiente fase.

Fase universal: Los obispos del mundo en Roma – El viaje sinodal culminará en octubre de 2023 con la Asamblea de Obispos en Roma – el Sínodo sobre la sinodalidad – que discutirá y dialogará sobre el segundo Documento de Trabajo. Al concluir estas deliberaciones, que puede incluir consultores laicos, se prepara un Documento Final sobre la sinodalidad que se presenta al Santo Padre, quien decide sobre su publicación. Una vez completo, el Documento Final sobre la Sinodalidad se pone a la disposición de cada diócesis para su implementación.

En su discurso del 50 Aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco ofreció tres poderosas razones por las cuales es necesario abrazar su invitación a participar en el proceso sinodal que está por comenzar: (1) para crecer y prosperar en el mundo actual, la Iglesia Católica necesita fortalecer la cooperación en todas las áreas de su misión, razón por la cual la Iglesia del Tercer Milenio debe ser una Iglesia sinodal; (2) el desarrollo de una iglesia sinodal tendrá un gran impacto en el ámbito del ecumenismo: entre más nos escuchemos y trabajemos juntos -bajo la autoridad del Papa-, mejor preparados estaremos para colaborar con otros cristianos; y (3) el testimonio de una Iglesia sinodal tendrá un impacto positivo en un mundo en el que poderosos grupos pequeños tienden a determinar el destino de pueblos enteros.

El Papa Francisco ha pedido “una Iglesia sinodal, que escuche, que se dé cuenta de que escuchar es más que simplemente oír. Es una escucha mutua en la que todos tienen algo que aprender. El pueblo fiel, el colegio de obispos, el Obispo de Roma: todos escuchándonos unos a otros, y todos escuchando al Espíritu Santo, el ‘Espíritu de verdad’”. Este proceso de escucha mutua, diálogo, respeto y discernimiento comunitario en la toma de decisiones bajo la guía del Espíritu Santo es oportuno y arraigado en la tradición de la Iglesia primitiva. La sinodalidad sigue siendo relevante hoy en día porque bien hecha, revitaliza la vida y la misión evangelizadora de la Iglesia. Es una respuesta a la gracia de Dios de vivir como su pueblo en nuestro camino peregrino hacia la realización del Reino. Esta gracia llama a todos los bautizados a la conversión pastoral, a “aprender a vivir en comunión con la gracia recibida en el bautismo y llevada a realización en la Eucaristía: la transición pascual del ‘yo’ entendido de manera egocéntrica al ‘nosotros’ eclesial… agentes activos de la única misión del Pueblo de Dios”. Sin conversión del corazón y de la mente y sin la disciplina para acogerse y escucharse unos a otros, los instrumentos externos de comunión son prácticamente inútiles. La verdadera espiritualidad de la comunión, “da un alma a la estructura institucional, con una llamada a la confianza y apertura que responde plenamente a la dignidad y responsabilidad de cada miembro del Pueblo de Dios.”

Debido a que la historia de la Iglesia da un amplio testimonio de la importancia de la consulta del clero diocesano y de los fieles en asuntos relacionados con el bien de la Iglesia, estas discusiones reciben una atención especial. Las consultas son seguidas por el discernimiento por parte de los obispos elegidos para la tarea, unidos en la búsqueda de un consenso que no surge de la lógica cotidiana, sino de la obediencia común al Espíritu de Cristo.

El Papa Francisco ha afirmado que este Sínodo de los Obispos debe convertirse cada vez más en un instrumento para escuchar al Pueblo de Dios. Los resultados se presentan al Santo Padre en su calidad de Párroco universal de la Iglesia.

Una vez que los resultados han sido aceptados por el Santo Padre, sigue una fase de implementación en cada diócesis, para iniciar la recepción de las conclusiones del Sínodo. Hay que recordar que dada la diversidad en todo el mundo, los resultados deben ser inculturados si se quieren respetar e implementar.

De esta manera, se puede ver que el proceso sinodal no sólo tiene su punto de partida, sino también su punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre quien deben derramarse los dones de gracia del Espíritu Santo a través del Sínodo de los Obispos.

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